• Fabricio Avalos Lozano

EL DON Capítulo 10: En Casa.

EL DON (la serie)

Fabricio Avalos Lozano

Copyright 2019


EN CASA


Una hoja seca se ha metido por la ventana del cuarto donde descansa Joaquín, quien envuelto en las sábanas tirita de frío. Lucía cierra la ventana y extiende una cobija sobre el pequeño. Ha estado despierta toda la noche, en ratos sale de su recamara y camina en círculos en la cocina. Alejo está preocupado por su hija. ¿Qué no daría un padre por asegurar la felicidad de los suyos?

Pasada la tercera vigilia de la noche, Alejo entra al cuarto del niño y extiende su mano acercándola al cuerpo del pequeño. Se detiene antes de tocarlo y se queda pensativo.


—¡Tócalo! —dijo el extraño mirándolo desde la puerta.

Alejo recuerda haber escuchado esas mismas palabras hace años. Un sentimiento de dolor y tristeza es atraído por esa voz en sus recuerdos. Su mente se resiste, no está dispuesto a repetir la misma historia, al menos no por ahora.

—No vamos a alterar el destino de nueva cuenta —dijo Alejo.

—Tienes que aceptar el tuyo y hacer la parte que te corresponde —respondió el extraño—. Al final, el destino te encontrará no importa donde vayas.

Don Alejo retiró su mano.

—Siempre hago lo que me parece correcto. Voy hacer lo opuesto y esperar que esta vez me vaya mejor.

—¿Estás seguro de que así lo deseas? Quizás no cambiar el destino es otra forma de alterarlo.

—No soy yo quien tú crees.


El extraño y él cruzaron sus miradas. Éste no mostraba gesto alguno. Alejo bajó la cabeza y se retiró del cuarto del pequeño Joaquín. El extraño hizo una seña de despedida y salió de la casa. Don Alejo tenía una expresión doble en la cara, de tristeza y de alivio. En la boca de Joaquín se dibuja una sonrisa, en ese momento el espíritu del niño se desprende y vuela liberado.

Al amanecer un grito se escucha en todo el vecindario. El señor Cervantes encuentra a su hija hincada en el piso, con su cuerpo recargado en la cama y sujetando la cabecita de Joaquín. Su llanto es desgarrador, igual al de una madre que ha perdido a su hijo. Alejo, quien se encuentra a espaldas de la maestra, le mira con el corazón apachurrado. A casa de la familia Cervantes van llegando uno a uno sus vecinos. No hubo necesidad de dar más detalles para entender lo que ha pasado en el hogar de Alejo. El viejo comienza a llorar, Lázaro que tiene años de conocerle no da crédito a lo que ve, es el padre de Lucía quien llora por primera vez frente a él. Un sentimiento de culpa y remordimiento revuelve la cabeza del anciano. Su amigo Lázaro es el único que entiende su pesar. El niño parece estar durmiendo cuando retiran de su cuerpo las manos de “La Miss”, como el la llamaba de cariño. En su rostro se quedó la sonrisa que tuvo antes de expirar.


Esa misma mañana una camioneta se ha estacionado frente a la iglesia. Tres hombres bajan de ella y son recibidos por una comitiva. El nuevo sacerdote ha llegado al pueblo. Conocedores de la noticia del niño de los milagros, piden ser acompañados al hogar de la familia Cervantes. Un joven monaguillo es enviado por delante para que participe a Lucía la visita del cura en su casa. Al llegar encuentra a los vecinos llorando. Entra a la casa y se queda boquiabierto al ver los preparativos del velorio. Se entera que el niño ha muerto en la madrugada. La comitiva llega y las personas abren paso a los tres hombres que entran hasta donde se encuentra el cuerpo del pequeño Joaquín.

Los siguientes días fueron los más duros, Lucía está en duelo, el golpe ha sido brutal. Dante insiste en verla, pero ella se niega. El joven espera en la sala hasta que ella decida salir de su cuarto. Tres semanas fue a visitarla sin conseguir que ella le recibiese. Alejo se ha aliado con Dante, espera que éste saque de su depresión a Lucía, pero las vacaciones se le han terminado y tiene que regresar a la ciudad.


Lucía rara vez sale de su cuarto. Su descuido le afecta la salud y el cuerpo reciente los trastornos en la alimentación. Solo la levantan de la cama su necesidad de ir al baño y tomar agua.

Alejo, desesperado, después de un mes de tolerar la tristeza de la joven, abre la puerta del cuarto y encuentra a su hija recostada en la cama, con las cortinas cerradas, la habitación está a oscuras a medio día. Lucía no hizo ningún movimiento. Alejo se sentó en la cama a su lado y comenzó a acariciar su frente.


—Cuando eras pequeña y tenias apenas cuatro meses de nacida te llevaron a la ciudad a ver al medico para tu revisión de rutina. Ibas en el carro junto con tu abuela y tus padres.

Lucía reaccionó, le volteó a ver abriendo los ojos de tal modo que parecían salirse de su cavidad.

—Yo llegaba a un rancho en el cuál trabajaba como administrador —continuó narrando el viejo—. Al límite sur del ejido corría la carretera de Tumachi que lleva a la ciudad. Entonces se escuchó explotar un neumático, seguido del chillido del auto al derrapar. Una polvareda se levantó tras la volcadura de éste.

Lucía se acomodó para sentarse en la cama. Alejo tomó su mano y continuó narrando la historia.

—Corrí para ayudar al conductor y los pasajeros, si es que había alguien más con él. Al ir acercándome ya habían sacado los cuerpos del auto y estaban tendidos en la tierra al lado de la carretera. Reconocí el carro, era en el que viajaban tus padres y tu abuela. Me pareció interminable el camino que me faltaba por recorrer. Al llegar te tomé entre mis brazos. Entonces comenzaste a llorar y supe que aún estabas con vida. Los demás no corrieron con la misma suerte.



104 vistas
© 2018 by Fabricio Avalos Lozano. Proudly created with WIX.COM