• Fabricio Avalos Lozano

EL DON Capítulo 3: Detrás de la Montaña.

Actualizado: 8 de sep de 2019

EL DON (la serie)

Fabricio Avalos Lozano

Copyright 2019


DETRÁS DE LA MONTAÑA


Lázaro es uno de los pocos pobladores de antaño que aún quedan en la localidad. Delgado y fuerte, como Alejo, es a la vez su mejor amigo. Sus manos están curtidas por las largas faenas de trabajo bajo el sol. Era uno de los muchos campesinos que antes de amanecer ya se encontraban recolectando chile o algodón. Regresaba a casa cuando el sol ya se estaba poniendo. Su esposa duerme profundamente en la recámara. Comer y descansar se han vuelto su única preocupación desde que los hijos partieron. Él continúa observando por la ventana, inmóvil pero inquieto. De pronto algo lo sobresalta. Alejo sale de su casa y trae el impermeable y las botas de lluvia puestas. Se le ve dispuesto a encontrarse con el hombre que baja de la montaña.


El pueblo de Tumachi ha pasado por dos situaciones críticas en el tiempo de su existencia. Una de ellas fue la peste que infectó a muchos de los pobladores. Murieron cientos de personas en aquellos años, a mediados del siglo diecinueve, pero el poblado se sostuvo. La segunda fue a principios del siglo veinte. El cerro se vino abajo en una avalancha. Estuvo lloviendo por varias semanas hasta que la montaña sucumbió y terminó cubriendo el poblado. Cientos de personas murieron también en esa ocasión. De nuevo Tumachi sobrevivió a esta catástrofe. Detrás de la montaña había otra que es el cerro actual.


Lázaro corre al encuentro de Alejo, y jalándolo del brazo trata de impedir que siga avanzando. Aterrorizado grita:

—¡Regrésate a casa, no vayas a su encuentro!


Alejo sigue avanzando sin importarle lo que Lázaro diga. El señor Arellano, más conocido como “El Jefe” Lázaro, ha sido compañero de Alejo desde la juventud y conoce muy bien la leyenda. Cuando era pequeño su abuelo le habló del hombre que bajó del cerro una noche lluviosa. En la misma tarde en que el hombre de Dios había muerto. Él venía a imponer el castigo del pecado a los habitantes de Tumachi. Solo se podría evitar si nadie salía a su encuentro. Pero Alejo no está dispuesto a dejarlo pasar de largo. Lázaro se tira a sus pies quedando encharcado de lodo hasta la cintura.

—¡No nos hagas esto por favor Alejo!

—Sabes que he vivido para este momento Lázaro. Han sido muchas las noches de espera. ¡No lo voy a dejar ir!

—¡Entonces quédate con la desgracia que vas a traer a este pueblo! ¡La sangre de los pobladores sea sobre ti, tu hija y sus descendientes!

—¡No tengas miedo Lázaro! Nada malo nos va pasar. Déjame seguir mi camino.


Lázaro corre de regreso a su casa. Alejo se acomoda el impermeable y mira hacia donde se encuentra la sombra. Ésta se ve más imponente conforme se acerca al pueblo. La esposa de “El Jefe” continúa durmiendo, no la a despertado ni el portazo que dio su esposo al regresar de la calle.


Tumachi es un poblado de unos dos mil habitantes. Su principal actividad económica es la minería. Sus calles aún cuentan con algunos viejos rieles por donde corrían pequeños carros de tren que transportaban el mineral. Historias de apaches atacando al pueblo para robar, son contadas de generación en generación por los pobladores. Uno de los mayores problemas en la localidad es el aislamiento geográfico. Para llegar al pueblo es necesario viajar por las montañas. Aunque las carreteras se han modernizado, nadie le ha invertido más de lo esencial para su desarrollo. Además, no hay agua potable, por lo que en los últimos meses se ha dificultado transportarla desde los poblados cercanos, haciendo muy costoso su traslado.


Lázaro sacude su cuerpo para secarse el agua que le ha mojado bajo la tormenta, el lodo ensucia el piso. Aún temblando de miedo se acerca de nuevo a la ventana para continuar observando.

En la parroquia, el cuerpo del sacerdote descansa en el féretro junto al altar. El templo se encuentra vacío. Los fuertes vientos espantaron a los feligreses, quienes regresaron a sus hogares dejando solo el ataúd con el cuerpo del cura. Un gato, que vive en el tejado de la recamara del clérigo, se adentró en la morada y tomó lugar arriba del féretro. De vez en cuando observa el rostro del sacerdote a través del cristal mientras maúlla, luego voltea su cabeza a otro lado y dormita. Poco le importa el aguacero, ahí se encuentra bien protegido.


Lucía observó el altercado que Lázaro y su padre tuvieron. No entiende qué lo ha provocado, pero le asusta. Ajena a la leyenda del pueblo, recuerda la última vez que vió a Alejo consternado: Una tarde mientras hacía limpieza en el cuarto de su papá, sacó una caja de cartón llena de recuerdos y fotos que no había visto antes. Cuando Don Alejo llegó a casa, ella le pidió que vieran juntos las fotografías para que él le explicara quienes eran los que aparecían en éstas. Alejo se puso nervioso y a la vez molesto. Era un rasgo poco visto en el señor Cervantes. Jamás se volvió a tocar el tema y la caja en cuestión desapareció de la casa. En otra ocasión, cuando el joven Dante le hizo saber a Don Alejo que estaba interesado en cortejar a su hija, éste se mostró igual de inquieto. Fuera de eso, nada lo exasperaba.

Esta vez algo terrible ocurría. Don Alejo ha perdido el temple que acostumbra y discute en plena calle bajo la tormenta con su mejor amigo.



156 vistas
© 2018 by Fabricio Avalos Lozano. Proudly created with WIX.COM