• Fabricio Avalos Lozano

EL DON Capítulo 4: Por Amor a Joaquín.

EL DON (la serie)

Fabricio Avalos Lozano

Copyright 2019


POR AMOR A JOAQUÍN


Lucía conoció al pequeño Joaquín cuando entró al primer año. Ella daba clases a ese grupo y él se integró un mes después de comenzar el ciclo escolar.

—¡Bienvenido Joaquín! —dijo Lucía—. Niños, saluden a su nuevo compañerito.

—¡Bienvenido Joaquín! —contestaron a coro los niños.


A la hora del recreo los alumnos salieron corriendo al patio. Solo Joaquín se quedó en el salón.


—Joaquín, puedes salir a jugar.

—Gracias “Miss”, aquí me quiero quedar.


Cuando los alumnos regresaron del receso el niño seguía sentado en su lugar. Las siguientes horas estuvo cabeceando en el pupitre mientras los demás coloreaban unos dibujos. Al final del día fue el último en tomar su mochila y salir del salón.


—Maestra Lupita, tengo un nuevo alumno. Se llama Joaquín Reveles.

—¿Que pasa con él? — preguntó la directora.

—Lo noto raro, no salió al recreo y durante la clase se quedó dormido. Además tiene el semblante muy pálido.

—Ese niño entró hoy porque estuvo hospitalizado. Está enfermo, pero sus papás no quieren que se sepa.

—¿Y qué enfermedad tiene maestra?

—¡Ay Lucía! No sé si decírtelo. Eres muy sensible para estas cosas.

—¿Es malo?

—Sí, tiene leucemia y va a morir.

—Todos vamos a morir algún día.

—Así es, pero Joaquín no vivirá al final del curso.


Los ojos de la joven maestra se llenaron de lagrimas. Recogió sus cosas y salió tan pronto como pudo de la oficina de dirección. Lupita le siguió con la mirada hasta que giró en la esquina rumbo a su casa.

Al día siguiente, Lucía entró a la oficina cerrando tras de sí la puerta. La directora le miró extrañada.


—¿Qué pasa Lucía?

—Maestra, no quiero darle clases a ese niño enfermo.

Lupita caminó a su escritorio señalándole con la mano la silla de enfrente para que se sentara.

—No te entiendo Lucía. ¿Qué te pasa? No se trata de una enfermedad contagiosa. Ese niño necesita atención.

—¡Pues que se la den sus padres!

—¿Qué es en realidad lo que te molesta? No te entiendo.

—Si saben que su hijo va a morir pronto, por qué no lo tienen con ellos. ¡El poco tiempo que le queda deben de darle todo el cariño posible en lugar de mandarlo a esta escuela !

La directora respiró profundo. Dejó los expedientes que tenía en sus manos y le señaló las paredes del recinto.

—Este lugar es un espacio de enseñanza a la que no se le debe privar a ningún niño. Saber que va a morir no le quita ese derecho. Sus padres me pidieron que le diéramos el mismo trato que a los demás alumnos. Quieren que tenga una vida normal, tal y como si no tuviera esa enfermedad. Y vamos... ¡Escúchame bien! Vamos a hacer que así sea. ¿Tienes algún inconveniente con eso?

—No, si usted me lo hubiera dicho antes no me habría incomodado así.

—Bien. ¿Ahora comprendes los motivos que sus padres tienen para mandarlo a la escuela a pesar de su enfermedad?

—Si maestra, me queda claro —dijo Lucía—. Interpreté mal esa decisión. Cuente conmigo, voy a hacer de Joaquín el mejor alumno de mi clase.

—Gracias Lucía, pero por favor no te encariñes mucho con él.


Ahora Lucía se encargará de enseñarle a Joaquín tanto como pueda mientras viva.


Lázaro observa cómo se van acercando Don Alejo y el extraño que baja del cerro. Las palabras de su abuelo retumban en su cabeza. Los días para los pobladores de Tumachi están contados. La muerte será el pago por el pecado que han llevado consigo. Las manos del más pequeño hasta el más grande de los pobladores están manchadas de sangre.

Hace más de diez años que un grupo de jóvenes excursionistas bajaban del cerro y fueron confundidos con guerrilleros. El pueblo alborotado los retuvo y los llevó hasta donde vivía el sacerdote. Éste había comentado en la Misa que los comunistas venían a llevarse a sus hijos. Los habitantes de Tumachi se conglomeraron en torno a ellos y los ánimos se fueron caldeando. Al anochecer, cegados por la ignorancia y el miedo terminaron linchándolos en la plaza. Al siguiente día se encargaron de ocultar sus cuerpos en el monte. Sus ropas quedaron esparcidas por las veredas.

Las autoridades de la ciudad junto con los padres de los muchachos los buscaron infructuosamente. Se trataba de estudiantes de geología que estaban de paseo. Los cuerpos nunca fueron localizados. Se pensó que habían sido devorados por las fieras del monte. Solo unos cuantos trozos de ropa ensangrentada fueron encontrados a lo alto de la montaña. El pueblo entero guardó silencio.


Esta noche todas las veladoras del Tumachi están encendidas. El fuerte viento a afectado la planta de luz. Algunas ramas de los árboles han sido arrancadas por la fuerza del viento y una de ellas ha ido a parar en uno de los ventanales de la iglesia. El gato que descansaba sobre el ataúd salió corriendo asustado con el ruido del cristal al caer en el suelo.


Don Alejo está a punto de encontrarse con el extraño visitante. Las piernas le comienzan a flaquear. Conforme se acercan se le va haciendo más difícil seguir avanzando. Quedó de pie a unos metros mientras el extraño continuó acercándose. El rostro del hombre se comenzó a transformar. Ahora ya tenía el cabello y la frente visibles. Más cerca le pudo ver la nariz, la boca y la barbilla. Las cejas y los ojos tomaron forma hasta que estuvo a unos pocos pasos de él. Entonces le pudo ver bien.



159 vistas
© 2018 by Fabricio Avalos Lozano. Proudly created with WIX.COM