• Fabricio Avalos Lozano

EL DON Capítulo 9: Mientras Duermes.

Actualizado: 8 de oct de 2019

EL DON (la serie)

Fabricio Avalos Lozano

Copyright 2019


MIENTRAS DUERMES

   

El pueblo olvidado de Tumachi ha cobrado una fama repentina. Llega gente de lugares vecinos y de las ciudades más lejanas. Hasta allá se ha corrido la noticia del pequeño niño que hace milagros. Joaquín es visto como un ser de luz. Los primeros días fue divertido. Le llevaban regalos de todo tipo: juguetes, ropa, comida, dulces... hasta joyas y dinero. Al paso de las semanas le dejó de agradar. Miles de personas han llegado al pueblo y el negocio del niño de los milagros ha repuntado. Recuerdos y playeras con la imagen del pequeño, así como frascos de agua bendita con el nombre del niño y del pueblo se venden en la iglesia. La economía de los pobladores ha crecido gracias a ello. Lo único que no ha mejorado es la salud de Joaquín.


Cuando el sacerdote llevaba alrededor de cinco años en Tumachi, el joven Alejo Cervantes fue a visitarle para platicar con él. El cura le llevaba diez años, por lo que le pareció perfecto para hacerlo su discípulo. En un inicio Alejo se dejó guiar por el abate. Así fue hasta una tarde en que salió con sus amigos de excursión a las montañas. En el camino un indígena se cruzó con ellos.


—¿A dónde nos lleva esta vereda? —preguntó uno de los jóvenes al nativo.

—Es el camino a Ixmal —dijo—, pero solo uno de ustedes lo puede recorrer.

Los jóvenes se voltearon a ver extrañados y sonrieron.

—¿Es tan angosto? —echaron a reír.

—Solo él puede —dijo señalando a Alejo, sin prestar atención a la broma.

—¿Qué tiene el hijo del herrero que no tenga yo? —cuestionó el más adinerado de ellos.

—Tiene el espíritu del guerrero.

Los compañeros de Alejo le comenzaron a abuchear. El no abrió la boca para defenderse. Le parecía que el aborigen estaba ebrio.

—Quédate para que nos cuentes historias de éstas tierras —agrego otro de los compañeros de Alejo.


El indígena se sentó entre ellos y sacó de sus ropas unos hongos que dio a masticar a los muchachos. Alejo se negó en un inicio, pero sus compañeros ya habían comenzado a probarlos. El aborigen había reservado uno en especial para él. Cuando Alejo lo probo, el indígena le golpeó la espalda con la palma de la mano. Alejo sintió una presión en la parte baja del omóplato. El mundo pareció transformarse frente a él. Los jóvenes desaparecieron y sus lugares los ocuparon figuras en forma de huevos luminosos. De ellos emanaban rayos de luz hacia el cielo. Arriba, una figura gigante parecida a un águila los devoraba lentamente. Alejo estaba fascinado con esa experiencia. Más tarde, sus amigos le preguntaron de dónde había sacado la botella de alcohol, ya que se comportaba como si hubiese bebido. Se tambaleaba a cada paso y caminaba de manera errática. A partir de ese momento, el joven Cervantes dejó de ir a la iglesia.


Lucía no ha tenido tiempo para Dante. Las horas libres las pasa junto al pequeño Joaquín. Doña Carmen le reprocha su actuar, pero la maestra está feliz de que el niño esté a su cargo.

—La palabra “pareja” significa qué hay dos personas actuando de forma equitativa. Solo así permanecen unidas. Si uno de los dos no da lo mismo que el otro la relación termina por desgastarse.

—Entiendo lo que me dice Doña Carmen, pero Joaquín es el único en quien me quiero concentrar por ahora.


Joaquin está fastidiado. Las visitas de los creyentes le desgastan la poca energía que le queda. Los milagros que están ocurriendo en el pueblo han atraído a cientos de personas de las ciudades vecinas. Hacen largas filas para poder tocar al pequeño. Lucía se ha molestado con el actuar de la gente respecto a Joaquín, aunque le maravilla la idea de que el pequeño haga milagros. Aún así, no deja de ser solo un niño que tiene que disfrutar de su infancia.


La directora cita a Lucía para hablar del pequeño.

—¿De que se trata eso de que el niño hace “milagros”? —dijo Lupita—. Esas cosas son para gente ignorante y sin preparación. Por otra parte, Joaquín debe estar al cuidado de sus padres. ¿Cómo has hecho para que te lo dejaran?

—Es que ellos no le cuidaban bien. Conmigo está mejor atendido maestra.

—Un niño nunca va a estar mejor atendido que con sus padres. Te pedí que no te encariñaras mucho con él. Ahora tendrás que asumir las consecuencias.

—Estoy dispuesta a asumirlas. Daría mi vida por Joaquín si así se requiriera.


En casa de Alejo hay visita, es Lázaro quien llega para platicar. Alejo lo recibe en la sala. El extraño está sentado en uno de los sillones. Lázaro le mira sorprendido.

—Hola Lázaro, hace tanto tiempo.

—¡Alejo, éste es el hombre que estaba contigo cuando te encontré en el campo con la bebé en los brazos! ¡El mismo a quien me dijiste no recordar! —dijo Lázaro.

— Estás mal, eso no es posible. El hombre del que tu hablas hoy debe tener mi edad.

—No Alejo, es el mismo. Y está igual que aquel día.


El extraño sonrió y se levantó del sillón. Se acercó a Lázaro y extendió su brazo hacia él tocando su hombro. Entonces, frente a sus ojos, envejeció de pronto y volvió a verse joven al retirar la mano. Lázaro se quedó paralizado sin comprender cómo pudo cambiar de apariencia.


El niño se ha quedado dormido desde que salió de la escuela. Lucía le prepara un caldo para que recupere las energías. Hoy no atenderá a los peregrinos. Pidió un vaso de agua y la bebió apresurado apoyando su cabeza en la almohada. Lucía lo tapa con la sábana, su piel está helada y suda frío. Alejo le mira desde afuera del cuarto. Cuando Lucía sale a la cocina entra y extiende su mano hacia el cuerpo del niño.

                                                                                                                                                             

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